Opinión

¿Qué podemos hacer como docentes, ante una generación que se encuentra atrapada y seducida por los progresos tecnológicos…?

Por Lic. María Cecilia Doval
Por Lic. María Cecilia Doval

¿Cómo hago, como educador, para “competir” con esto? ¿Qué tan atractivo resulta, escuchar una clase, donde hay que prestar atención, recordar hechos, números, episodios históricos, etc.? Donde hay que, poner “de parte de uno”, realizar procesos mentales; con la utilización de la cognición. Donde el aprendizaje de esto, está, en muchos ámbitos desprestigiado, mal asociado a memorístico, y no relacionado con el conocimiento. Perdiendo de vista que, primero, debo conocer el hecho para después opinar, primero debo leer Hamlet, para luego poder hablar del personaje, primero debo saber qué se conmemora en determinada fecha patria, para poder decir si acuerdo o no, con ese festejo.

 Que difícil resulta, cuando la era de las telecomunicaciones, presenta un mundo sumamente atractivo visual y auditivamente. En donde, me puedo sentar, frente a una computadora, colocar una palabra en un buscador, y encontrar aquello que, resultaría mucho más complejo de hacer, en un libro.

El otro día, escuchaba a una colega de historia, que decía: “me resulta difícil cuando solicito una monografía, discernir si la han bajado de internet o, si realmente es una elaboración personal”.

Creo que, ante esto, debemos ayornarnos, perfeccionarnos, aprender a utilizar la tecnología, estar abiertos a nuevos desafíos, desafíos del día a día, trabajar sobre nuestros errores. Y, por sobre todas las cosas, buscar el apoyo de la familia. El amor al verdadero conocimiento, debe transmitirse desde los primeros años, la curiosidad, el interés por la lectura, por ejemplo, surge en el hogar.

 

Si el niño y/o joven, no tiene conciencia de lo importante que resulta, él mismo, como protagonista de sus propias adquisiciones, de su  formación  como sujeto activo, pensante y culto, es muy difícil que, la escuela pueda con eso. Es verdad que, a mayor tecnología más confort, pero todo extremo no es favorecedor…la tecnología debe ser un instrumento para…, a la que nosotros mismos debemos ponerle límites. Citando a Jaim Etcheverry (ex rector de la Universidad de Buenos Aires) en su libro “La tragedia educativa”, este dice que, sólo “se necesita un 13% de la población que piense para que los países desarrollados pueden funcionar”, el resto acatar órdenes, consumir los productos que ellos producen, como esclavos pasivos de un sistema que sin darnos cuenta nos empobrece, entorpece y somete a depender…

Como suelo comentar: no estoy diciendo nada nuevo, es más, planteo más interrogantes que soluciones…pero me parece que la pregunta es una manera de empezar…                                                                                              

Lic. María Cecilia Doval.

Psicóloga/

Psicopedagoga/

[email protected]

 

 

 

Comentarios