BerissoCiudad recorrió desde calle 5 y Avenida Montevideo hasta calle 11 para dialogar con vecinos y vecinas sobre la escalada de deudas, créditos y la creciente morosidad que golpea a nuestras familias.
Viajamos desde el marco de una crisis nacional de consumo y pérdida de poder adquisitivo hacia los relatos cotidianos que ocurren en nuestros barrios, porque lo que pasa en la macro se siente en cada hogar de Berisso.
“Tengo deuda de las comunes nada importante”, reconoció Fabián, a la salida de un banco. De todos modos, explicó cómo los créditos se multiplican: “Lo ideal, nosotros somos partidarios de no tener prestamistas. O sea, las billeteras virtuales, el banco, los prestamistas, autocrédito, todo esto es tipo… Son todas una trampa”.
Sobre las billeteras virtuales y la judicialización, advirtió: “Después eso se lo venden a abogados, a estudios de abogados para que te aprieten y para poder sacarte más guita. Quedate tranquilo que ellos cobran seguro”.
Y sintetizó su visión política y social: “Y después, bueno, lamentablemente este es el Gobierno que nos llevó a esta decadencia total, y a este endeudamiento por comida, porque estamos en un endeudamiento por comida. Eso es lo más triste”.
Ese relato puntualiza varias preocupaciones: la multiplicidad de prestamistas, la facilidad para acceder a préstamos, la venta de carteras a estudios jurídicos y la percepción de que las políticas nacionales agravan la necesidad de endeudamiento. Fabián dejó claro el diagnóstico: los créditos funcionan como un parche que termina en procesos judiciales y más presión sobre los hogares.
En la vereda opuesta, Daiana y Micaela, dos estudiantes, dijeron que por ahora no registran deudas. “No tengo ninguna deuda; soy estudiante. Pero duele ver que hoy la gente tiene que sacar crédito para cubrir la canasta básica familiar”
Su mirada aporta un contraste: no todos están endeudados, pero el crédito se ha convertido en una herramienta de subsistencia frente a la pérdida del poder adquisitivo y la opción màs facil .
Darío, que vive en la zona céntrica, desarrolló el efecto sobre el trabajo y el consumo: “La gente saca crédito para salir de un pozo y la realidad es que no llega; el dinero sirve para menos. Aumenta todo menos los salarios; trabajás y ganás menos y podés comprar menos.” Esta queja vuelve al mismo eje: la inflación y la falta de aumentos reales transforman créditos en parches insuficientes.
En la práctica, las consultas en la cuadra mostraron que las entidades y los prestamistas siguen ofreciendo soluciones rápidas, pero las familias advierten el costo a mediano plazo: cuotas que se vuelven impagables, ventas de creditos a estudios de cobranza y un mercado financiero que, según vecinos, se asegura recuperar mediante judicializaciones.