Como cada 8 de enero, en todo el país se viven fervorosas muestras de fe a este santo popular no reconocido aún por la Iglesia Católica.
Embanderados con el color rojo como estandarte y llevando una imagen del Gauchito, escoltada por una nutrida caravana de gente a pie, montada a caballo o en automóviles vecinos de nuestra ciudad se dirigían al santuario situado a la vera del arroyo El Pescado en las primeras horas del día.
La temperatura alta para el amanecer presagiaba el día agobiante que de ninguna manera detendría a los devotos que en un silencio respetuoso enmarcado en ese rojo que delata la pasión, rinden homenaje a este correntino, en esta fecha que se recuerda el aniversario del asesinato de este hombre acusado de desertor por negarse a pelear contra sus hermanos en los combates que se desarrollaban en esa provincia en el siglo XIX.
No se tiene precisión del año en que ocurrió el hecho, algunos historiadores sostienen que fue en 1868.
A lo largo y a lo ancho del país existen ritos, leyendas, mitos e historias que nutren la vida cotidiana de la gente, y dan sentido a infinidad de acciones, motivaciones y esperanzas. Protegen y explican sucesos, fortalecen y marcan la identidad de los pueblos. En este hacer se reivindica la creencia de poderes y gracias especiales que como un don poseen algunas personas que a su vez darán protección a otras. En esta creencia tienen lugar los cultos y celebraciones profesados a vírgenes y santos de la Iglesia Católica y veneraciones locales transmitidas de generación en generación, algunas de origen precolombino.