BerissoCiudad se acercó a 8 y 161, para conocer de primera mano la situación que atraviesan desde hace semanas: el ruido intenso, la música a alto volumen y los gritos por micrófono que provienen de una sede del Auditorio Altar, conducida por el pastor Juan Osman, y que se extienden hasta altas horas de la madrugada.
En primer lugar, los residentes explicaron que, tras la publicación de una nota de BerissoCiudad y otras coberturas en medios locales, la situación no solo no mejoró, sino que empeoró. “Ellos sostienen que es persecución religiosa y se amparan en que están orando por el barrio para justificar el volumen y los gritos”, relataron.
“Nosotros no tenemos nada en contra de la religión sino que los ruidos son el problema”, aclararon.
Por lo tanto, la falta de controles sostenidos y la percepción de impunidad alivian temporalmente la presión sobre el templo, pero profundizan el malestar en las familias berissenses, que ven vulnerado su derecho a la tranquilidad en sus hogares.
Además, sobre el operativo de clausura preventiva llevado a cabo el lunes 7 de septiembre al mediodía, destacaron: “Les pusieron la faja de clausura que duró apenas media hora puesta porque la sacaron y por la noche hubo gente entrando y saliendo como si nada”.
Así, en Berisso esto se traduce en una sensación de abandono institucional, donde Control Urbano reconoce que el expediente está en el Juzgado de Faltas N° 11 y que, hasta que haya dictamen, las reuniones podrán continuar normalmente. “Que tengamos paciencia porque va a tardar entre 1 año y 1 año y medio”, fue la respuesta que recibieron de la directora del área, quien añadió que “el pastor es muy terco y desafiante y no hay forma de hacerle entender que lo que molesta es el volumen y los gritos por micrófono”.
En la práctica, en la zona de 8 y 161 las operaciones avanzan sin sobresaltos para el templo, mientras los vecinos agotan todas las herramientas a su alcance: reclamos al municipio, notas periodísticas y denuncias reiteradas.