Producción

Sebastián Casali: “El vino arranca en la tierra, en la uva y en la maduración”

Sebastián Casualidad, integrante de la Cooperativa del Vino de la Costa.
Sebastián Casualidad, integrante de la Cooperativa del Vino de la Costa.

El integrante de la Cooperativa del Vino de la Costa, Sebastián Casali, visitó los estudios de FM Berisso Ciudad para hablar del trabajo que llevan adelante, los desafíos de producir en la región y la fuerte carga histórica y cultural que tiene el vino de la costa. Con una mirada que combina tradición e innovación, Casali reivindicó el trabajo con la tierra, la producción artesanal y la necesidad de conquistar a nuevas generaciones sin perder identidad.

El productor reconoce que su vínculo con el vino tiene raíces familiares. “Es una cultura familiar. Lo tenía en los genes, pero no me daba cuenta. Necesitaba hacer algo con la tierra, laburarla. Y dije: hay que hacer vino, hay que hacer el vino de la costa y mejorarlo”, contó.

El viñedo funciona en tierras que pertenecieron a sus abuelos. En ese lugar decidió apostar por algo distinto, plantar cepas viníferas que históricamente no eran comunes en la zona. “En Berisso siempre hubo cepas americanas, como la Isabela, la famosa uva chinche y la blanca Ñágara. Nosotros plantamos Tannat, que es insignia en Uruguay y también Marselan, una cepa francesa que es mezcla de Cabernet Sauvignon y Garnacha”, explicó.

Actualmente atraviesan el cierre de la vendimia, una etapa clave que depende casi exclusivamente del clima. “Fue un año raro. En noviembre y diciembre hubo mucha lluvia y eso afecta porque aparece un hongo exclusivo de la vid que te puede dejar sin racimo. Hubo quintas que tuvieron pérdidas, pero el verano fue seco y eso ayudó. A la vid le gusta la seca”, detalló.

La producción local tiene particularidades, por la humedad de la región, los vinos suelen tener entre 9 y 10 grados de alcohol, una graduación menor que en otras zonas del país. “Hoy la baja graduación es algo buscado. Hay más conciencia, la gente quiere cuidarse un poco más”, señaló.

Para Casali, el proceso creativo comienza mucho antes de la fermentación. “El vino arranca en la tierra, en la uva y en la maduración. Después uno ya piensa dónde lo va a fermentar. Yo quise fermentar en cerámica, como hacían los romanos hace seis mil años. Mandé a hacer una vasija de 200 litros y la fui a buscar a Mendoza”, relató.

Además, trabaja bajo criterios biodinámicos, una forma de agricultura que evita químicos y respeta los ciclos naturales. “Es una agricultura más espiritual, dejar que la tierra diga lo que necesita. Nosotros trabajamos el viñedo así”, explicó.

Dentro de la cooperativa, el productor viñatero eligió un camino particular, la microvinificación y la apuesta al mercado gastronómico. “Somos un vino popular, con identidad y mucha historia. Pero yo me enfoqué en pequeñas partidas, apuntando a lo gastronómico. Son vinos raros, de nicho y hoy ese perfil está muy buscado”, afirmó y lejos de definirse como innovador, se describe con humor. “Me miran como un loco. Pero sé lo que quiero y a dónde apunto”, dijo entre risas.

Uno de sus focos es el vino blanco, históricamente menos valorado en la zona. “Hace unos años empezamos a hacer un blanco seco que gustó mucho. La calidad del vino de la cooperativa mejoró muchísimo gracias a la incorporación de tecnología, como fermentadores de acero inoxidable con control de temperatura”, destacó.

Aunque la cooperativa tiene dos décadas de vida institucional, el vino de la costa tiene más de un siglo de historia. “Hace cien años este era el vino de mesa de la gente común. Venían a buscar toneles y se los llevaban a Buenos Aires. Se vendía en bodegones tradicionales. Incluso empresas grandes venían a buscar fruta a la zona”, recordó.

Casali sostiene que hoy nadie vive únicamente del vino y que el turismo es fundamental para sostener el proyecto. “Si no traes a la gente, si no le explicas cómo lo haces y cuál es la historia, el vino no se entiende igual. Cuando lo probas en contexto cambia todo”, aseguró.

La cooperativa ofrece visitas guiadas y mantiene una presencia activa en redes sociales, herramientas clave para llegar a nuevos consumidores. “El que compra nuestro vino suele ser gente joven, de 20 o 30 años, que busca algo distinto. Es un vino de nicho. No se lo vendo a cualquiera. Si no lo van a comunicar como corresponde, prefiero no venderlo”, afirmó.

En un contexto donde muchas grandes bodegas atraviesan dificultades, Casali cree que la identidad es el diferencial. “Somos un vino con identidad, con poca producción y con historia. Eso llama la atención. Pero hay que saber llegarle a la gente”, sostuvo.

Para Sebastián Casali, el desafío es claro. “Nostros tratamos de mantener viva una tradición centenaria, adaptarla a los nuevos tiempos y lograr que las próximas generaciones sigan levantando la copa con vino de la costa”, concluyó.

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