BerissoCiudad se acercó a distintas verdulerías y puestos de la zona para escuchar de primera mano qué está pasando con los precios, los productos que más se llevan y las estrategias que arman trabajadores y trabajadoras para mantener abiertas las cortinas. En un contexto nacional marcado por la presión inflacionaria en alimentos, estos relatos dibujan el día a día en Berisso, donde la canasta básica se ajusta kilo a kilo y la planificación familiar se reorganiza alrededor del mostrador.
La primera parada fue en 14 y 167, donde dialogamos con Nelson, vendedor de la zona. Al consultarle qué es lo que más se vende, fue claro: “La papa, la cebolla… son necesarias para todo. La zanahoria también”.
Y sobre los precios, no hizo falta mucho rodeo: “Ahora está muy cara, ahora está 2.000 pesos el kilo de papa”. Cuando la conversación derivó hacia qué productos habían bajado en venta, la respuesta fue contundente: “La mayoría. …Se consume menos, digamos, antes la gente consumía por kilo, ahora sí consume por día”.
Frente a la pregunta sobre qué plan tienen como trabajadores para seguir vendiendo, resumió la realidad de muchos: “Sí, seguir, luchando, a nosotros no nos queda otra, Si no, cerrar el negocio, pero no hay otra cosa, no hay trabajo”.
En Ariel Verdulería, de 8 y 165, la escena se repitió con matices. Ante la pregunta por el producto estrella, la respuesta fue similar: “Entre la papa, la cebolla”. Y los números, otra vez, marcaron el ritmo: “La papa se fue a 2.500 y la cebolla se fue a 2.000”.
Pero el verdadero termómetro del consumo llegó con la fruta: "La fruta se fue muy de lujo para vender… Antes salía mucha más cantidad; ahora te llevan poca cantidad", agregó.
Y ejemplificó: "De 2 kilos te llevan medio kilo, dos manzanas”. La estrategia para no cerrar la cortina pasa por la precisión: “Justamente hoy el día es más mantenerlo: el local, los impuestos… Tratarlo más fino posible, poner los precios y mantener que siga saliendo, porque a los 2 días, tres días, tenés que tirar".
"La verdura no te aguanta: llueve, la humedad, y hay mucha plata para tirar, por eso tratamos de ponerlo más fino, que salga, y traer ya poca cantidad. Me llevo 20 cajones, 30 cajones; ahora traigo cinco. La gente compra de kilo y compra solo para el día y casi para el día”, puntualizó.
En la intersección de Río Janeiro y Puente Roma, en calle 4, la conversación confirmó la tendencia. “Las papas es lo primordial pero ahora últimamente son muy poco, porque están carísimas el kilo 2.000 pesos”. Y otra vez, el mismo diagnóstico sobre la caída: “La fruta”. La respuesta, sin embargo, no fue solo resignación: “Sí, creer un poco: ofertas, las de estación agregamos verdura de estación, ahora que están invierno, todo cítrico: traer promociones, promociones y levantarle un poco”. Y detalló: “Tenemos bastantes promociones de cítricos: naranja, mandarina, 2 kilos, 1.500; pomelo, 2 kilos, 2.500. Todo cítrico. Limón, 2 kilos, 2.000”.
De estos tres recorridos surge un hilo común: la papa y la cebolla siguen siendo el núcleo del consumo, pero los precios —2.000 a 2.500 pesos el kilo— empujan a las familias a comprar “para el día” y a reducir cantidades.
La fruta, por su parte, es el rubro que más siente la caída, obligando a los comercios a afinar la oferta con promociones de estación, sobre todo en cítricos, y a ajustar los pedidos para no perder mercadería.
En Berisso, la ecuación es clara: mientras a nivel nacional los alimentos encabezan la inflación y el consumo se contrae, en el barrio la resistencia se juega en el mostrador, con precios más “finos”, menos cajones y más creatividad para que la verdulería siga siendo un lugar de paso obligado.