El jefe del Departamento de Seguridad Alimentaria de la Municipalidad, el bromatólogo Cristian Adriani, visitó los estudios de FM Berisso Ciudad para hablar sobre el trabajo que desarrolla el área, los controles sobre los alimentos, las capacitaciones para manipuladores, los desafíos que plantea la crisis económica y la necesidad de fortalecer la producción local.
En primer lugar, Adriani explicó el alcance del concepto de seguridad alimentaria y remarcó que se trata de una temática mucho más amplia que los controles bromatológicos tradicionales. “Cuando la Organización Mundial de la Salud definió la seguridad alimentaria habló del derecho de los pueblos a acceder a alimentos suficientes, seguros, accesibles y culturalmente aceptables. Nosotros mantenemos ese nombre porque es el objetivo al que apuntamos, aunque hoy estamos más cerca de la inseguridad alimentaria que de la seguridad alimentaria”, afirmó.
El funcionario explicó que el área trabaja tanto sobre la salud de las personas como sobre la salud de los alimentos y destacó que el concepto de calidad involucra numerosos factores. “La calidad no es solamente si algo está rico o feo. Tiene que ver con la nutrición, la inocuidad, la comercialización, la conservación y las condiciones en las que ese alimento llega al consumidor”, señaló.
En ese sentido, remarcó que la cadena alimentaria comienza mucho antes de que un producto llegue a una góndola. “Todo empieza desde que se tira una semilla hasta que el alimento termina en un supermercado o en una mesa familiar. Hay una enorme cantidad de actores y procesos involucrados”, explicó.
Uno de los antecedentes más destacados de su trayectoria fue el programa Carnicería Saludable, una iniciativa desarrollada en la ciudad entre 2010 y 2015 que posteriormente fue replicada en distintas provincias argentinas e incluso en países vecinos. “En Berisso realizamos más de 5.600 análisis junto a la Facultad de Ciencias Veterinarias y con financiamiento de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón. El objetivo era medir riesgos sanitarios y capacitar a los comerciantes para mejorar las condiciones de comercialización”, recordó.
Según detalló, los controles incluían análisis microbiológicos sobre superficies, cuchillas, manos de los trabajadores, temperatura de conservación y distintos indicadores sanitarios. “Después de las capacitaciones logramos mejoras superiores al 50 por ciento en los indicadores de higiene y manipulación. Eso demuestra que cuando hay formación, los resultados aparecen”, sostuvo.
Sin embargo, Adriani reconoció que las condiciones económicas actuales hacen más difícil sostener ciertas exigencias sanitarias. “En aquella época podías pedir determinadas inversiones y los comerciantes podían afrontarlas. Hoy la realidad económica es mucho más compleja”, admitió.
Respecto al funcionamiento cotidiano del área, explicó que las intervenciones pueden surgir a partir de denuncias vecinales, controles programados o requerimientos específicos de otras dependencias municipales. “Trabajamos de manera articulada con Control Urbano porque muchas veces las inspecciones requieren distintos tipos de competencias. Nosotros intervenimos cuando aparecen cuestiones técnicas vinculadas a la seguridad alimentaria”, indicó.
Entre las tareas habituales también destacó los controles de calidad del agua que se realizan todos los años en las escuelas del distrito junto al Instituto Biológico. “Hacemos análisis microbiológicos, físicos y químicos para garantizar que el agua que consumen los chicos sea segura”, explicó.
Otro de los ejes centrales del trabajo del área son las capacitaciones destinadas a manipuladores de alimentos. “Son capacitaciones que ayudan a mejorar la empleabilidad porque permiten acceder a puestos de trabajo en gastronomía, distribución y elaboración de alimentos”, afirmó.
También se refirió al creciente interés de la población por conocer que consume y como se producen los alimentos. “Hay más información disponible y más conciencia sobre algunos temas, especialmente en nutrición. La obesidad es una epidemia mundial y cada vez más personas se interesan por mejorar sus hábitos alimentarios”, expresó.
No obstante, reiteró que la situación económica muchas veces condiciona las posibilidades reales de elegir una alimentación saludable. “No se puede separar la alimentación de la economía. Muchas veces la gente sabe qué debería consumir, pero no siempre puede acceder a esos productos”, remarcó.
En ese contexto, cuestionó el crecimiento de los alimentos ultraprocesados y planteó la necesidad de recuperar hábitos de consumo más saludables. “La comida está en la verdulería, en la carnicería, en los alimentos frescos. Todo lo que viene excesivamente procesado responde a otra lógica industrial”, opinó.
Al mismo tiempo, hizo hincapié en los riesgos asociados a una incorrecta manipulación de los alimentos y recordó que muchos problemas sanitarios tienen origen en prácticas cotidianas que suelen naturalizarse. “Las personas se enferman por lo que comen mucho más de lo que creen. La contaminación cruzada, la pérdida de la cadena de frío o una mala higiene pueden generar problemas graves”, explicó.
Entre los ejemplos más frecuentes mencionó la venta de productos fraccionados sin las condiciones adecuadas de conservación. “Hay prácticas que están prohibidas o fuertemente reguladas porque aumentan los riesgos sanitarios. Lo importante es que el consumidor sepa identificar productos habilitados y comercios que trabajan correctamente”, señaló.
Consultado sobre los recursos con los que cuenta el área, Adriani reconoció que la estructura municipal es limitada frente a la magnitud de las tareas que deben desarrollarse. “Somos muy pocos para todo lo que abarca la seguridad alimentaria. Muchas veces desde afuera parece que hay una gran estructura, pero en realidad somos un equipo reducido que intenta llegar a todos los sectores posibles”, declaró.
A pesar de esas limitaciones, indicó que el trabajo se extiende a escuelas, hospitales, centros comunitarios, geriátricos, pequeñas unidades productoras de alimentos y distintos espacios vinculados a la elaboración y distribución de productos alimenticios. “Tratamos de llegar a todos los lugares donde podamos aportar herramientas para mejorar la seguridad alimentaria de los vecinos”, sostuvo.
Por otro lado, habló sobre el potencial productivo de Berisso y consideró que existen oportunidades desaprovechadas para el desarrollo económico local. “Tenemos más de 22 kilómetros de costa y todavía hay actividades que podrían desarrollarse mucho más. Berisso tiene un potencial enorme vinculado a la producción y al aprovechamiento de sus recursos naturales”, manifestó.
Entre los proyectos pendientes mencionó la posibilidad de avanzar en emprendimientos vinculados a la producción pesquera y cuestionó algunos aspectos del actual ordenamiento territorial. “No comparto algunas definiciones del nuevo Código Urbano porque hay zonas productivas que hoy tienen dificultades para desarrollarse. Hay que pensar la ciudad también desde la producción”, afirmó.
Finalmente, Cristian Adriani dejó una definición que sintetiza gran parte de su mirada sobre el trabajo que realiza desde hace años en la ciudad. “Trabajo para Berisso y para los vecinos de Berisso. Esté quien esté gobernando voy a seguir haciendo exactamente lo mismo, porque el objetivo es ayudar a que la ciudad crezca”, concluyó.