Zona de 8 y 161

Evangélicos bochincheros: vecinos del Auditorio Altar reclaman por falta de controles

Barrio sin paz.
Barrio sin paz.

BerissoCiudad se acercó a la zona de 8 y 161 para dialogar con vecinos que manifestaron su preocupación por los ruidos, los disturbios y otras situaciones que, según denunciaron, se registran en las inmediaciones del Auditorio Altar, perteneciente a la iglesia evangélica dirigida por Juan José Osman.

Roly, vecino del barrio, explicó que desde la llegada del auditorio, hace aproximadamente tres meses, la música se escucha durante varias horas: “De 6 de la tarde hasta las 23:30 la música no para. Esto empezó hace tres meses, desde que llegó el auditorio. Estamos muy preocupados porque la gente de acá trabaja, estudia y hay gente grande. Los días de semana es un descontrol”. Además, resaltó que “llamamos al COM, vienen un ratito, bajan la música ; se van y vuelven a subir la música".

Los vecinos aseguraron que primero intentaron acercarse de manera amable para pedir que bajaran el volumen, pero no obtuvieron respuesta. Por ese motivo, comenzaron a comunicarse con el COM y con Control Urbano.

También denunciaron la venta de comida, la instalación de parrillas, el estacionamiento frente a garajes, disturbios en la vía pública y una presunta conexión irregular al suministro eléctrico.

Según relataron, cuando los trabajadores de Control Urbano se presentan en el lugar y les muestran los mensajes y las denuncias anónimas realizadas por los vecinos.

Para los habitantes, esta situación expone a quienes reclaman y evidencia un mal funcionamiento de los controles, por lo que solicitaron que se preserve la identidad de los denunciantes.

Rosa, una vecina mayor, expresó su malestar por la falta de respuestas y afirmó: “Me cansé de llamar al COM, al 911 e incluso cuando vienen los de Seguridad Vial se quedan charlando, comen empanadas que cocinan ellos y se van como si nada”.

En relación con los antecedentes de la antigua sede del Auditorio Altar, ubicada en calle 153 entre 9 y 10, Rosa agregó que “luego de esas cuatro clausuras fue una policía y le pegaron; una vecina abogada fue y le pegaron; hasta la exfuncionaria de Control Urbano fue violentada y la hicieron renunciar”.

Por otro lado Sofía, cuyo dormitorio se encuentra junto al salón, contó: “A veces quiero estudiar y es imposible. Prenden una parrilla afuera de mi casa, hay griteríos y música hasta las 4 de la mañana”.

Los vecinos señalaron que ya presentaron reclamos ante la Municipalidad, aunque todavía no recibieron respuestas claras

 

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