Identidad

Música, gastronomía y amor: la historia de la Comunidad Mexicana en “Voces de Colectividades”

Ángel “Keb” Hernández, presidente de la Comunidad Mexicana
Ángel “Keb” Hernández, presidente de la Comunidad Mexicana
Ángel “Keb” Hernández, presidente de la Comunidad Mexicana, dialogó en vivo con Angie Herrera y Diego Mantini Toska en el programa “Voces de Colectividades”, que se emite por FM Berisso Ciudad. Durante la entrevista, repasó la riqueza musical y gastronómica de México, su llegada a la Argentina en medio de una crisis y el vínculo afectivo que lo une con nuestro país.
 
Una música que une a México
 
Hernández comenzó hablando de una expresión musical tradicional de su país y destacó el valor simbólico que tiene en las celebraciones patrias. “Existe un género dentro de la música mexicana que se llama guapango. Cada provincia tiene el suyo y este, en particular, abarca todo lo que es la nacionalidad mexicana”, explicó.
 
“Se escucha en todas las provincias y se llama guapango de Moncayo. Dura aproximadamente ocho minutos y no tiene letra, precisamente para que todas las provincias del territorio mexicano puedan apropiarse de él”, detalló el dirigente.
 
El presidente de la Comunidad Mexicana subrayó que la pieza ocupa un lugar central en las fechas más importantes del calendario nacional. “Cuando son fiestas muy puntuales, principalmente el Día de la Independencia, es uno de los temas principales que se tocan. Nos conecta y es muy emotivo, tiene acordes muy especiales”, expresó.
 
Una cocina con historia y diversidad
 
En otro tramo de la charla, Hernández repasó el desafío de presentar en Berisso una gastronomía tan amplia y diversa. “En nuestros inicios fue un dilema tratar de compartir parte de nuestra cultura gastronómica, que es muy amplia. La cocina mexicana fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad entre 2017, 2018 y 2019”, recordó.
 
“Hay una gran cantidad de platillos, comidas y variedades en cada región, en cada provincia y en todo el territorio mexicano. Tratamos de llevar lo más conocido por el cine, por la difusión de otros años y, hoy, también por las redes sociales, que permiten conocer un poco más la comida mexicana”, agregó.
 
Para el dirigente, el taco es una de las preparaciones más representativas, aunque su significado va mucho más allá de lo que suele difundirse. “El taco es la forma en que terminamos comiendo cualquier tipo de comida. De manera burda, se podría decir que todo lo comemos en sándwiches”, graficó.
 
Sabores 
 
Hernández contó que, al comenzar a difundir la gastronomía mexicana en la Argentina, algunas preparaciones tradicionales no lograron conseguirlos  “Nos trajimos, por ejemplo, cochinita pibil, que es riquísima y está hecha a base de cerdo. Lleva achiote, un producto muy característico de la península de Yucatán, de la zona de Cancún, que no se consigue acá en Argentina”, explicó.
 
“El achiote es una pasta con muchos ingredientes y una elaboración muy extensa, pero es riquísimo. Cuando lo trajimos para exponerlo, la gente no se conectaba y no tuvo el éxito esperado”, reconoció.
 
También se refirió a los frijoles refritos, un acompañamiento habitual de la mesa mexicana. “Son más o menos como unas lentejas hechas pasta, sin todos los ingredientes que llevan. Se llaman refritos porque se maceran en mantequilla, que acá en Argentina le dicen manteca, se les agrega ajo, condimentos y hierbas. Los acompañamos a la mañana, al mediodía y a la noche”, describió.
 
El picante, entre la tradición y el paladar
 
Sobre el picante, uno de los rasgos más conocidos de la cocina mexicana, Hernández aclaró que no todas las personas lo consumen desde la infancia. “Es un tema de paladar y no todos comemos picante. Yo comencé a consumirlo después de los dieciocho años, porque cuando era niño no toleraba el picor”, contó.
 
El dirigente recordó con humor cómo fue su primer acercamiento a esa costumbre. “Después, por medio de una maldad de mi papá, que me puso picante en México, empecé a comerlo. En su momento, la forma de hacernos varones, machos, como decimos en México, era comer picante”, afirmó.
 
Amor, redes y una nueva vida en Argentina
 
Ángel Hernández también recordó su llegada a la Argentina y el motivo que lo trajo al país. “Yo acá vine a los veintisiete y, al poco tiempo de cumplir los veintiocho, fui de las primeras generaciones de este siglo que conoció a una persona de Argentina por medio de las redes. En ese momento no existía el tema de las redes como hoy”, contó.
 
“Eran las salas de chat y adentro había distintos chats, divididos por diferentes nombres. Ahí fue donde conocí a la mamá de mi hija y ese fue el motivo por el que me vine para la Argentina”, reveló el presidente de la Comunidad Mexicana.
 
Hernández llegó en 2001, en medio de una de las crisis más profundas de la historia argentina, y se radicó en La Plata, donde vivía la madre de su hija. “Fueron años muy difíciles. Yo los viví y, en ese momento, no entendía nada, por más que me explicaran. Era la primera vez que pisaba el suelo argentino”, recordó.
 
A pesar de la complejidad de aquellos años, destacó lo que más lo marcó del pueblo argentino. “Me sorprendió la rapidez, la solidaridad, el esfuerzo, la esperanza y las ganas del pueblo argentino. A nosotros nos pasó algo muy parecido con el efecto tequila en 1985”, expresó.
 
“Yo era muy chico en ese momento y no tengo muchos recuerdos, pero en 2018 también los afectó a ustedes el efecto tequila, porque cuando sucede ese tipo de crisis en los países, las consecuencias se sienten de manera similar”, concluyó.
 
Un pedazo de México en la costa argentina
 
Nacido en Minatitlán, en la provincia de Veracruz, sobre el Golfo de México, Hernández encontró en Mar del Plata un paisaje que le recordó a su tierra natal. “Yo soy de la provincia de Veracruz, del Golfo de México. Cuando visité por primera vez Mar del Plata, me sentí en México. Es muy parecido, prácticamente igual, salvo por los lobitos marinos, que allá no hay”, expresó.
 
“La verdad que fue muy lindo conocer Mar del Plata y sentirme en mi provincia natal”, cerró el presidente de la Comunidad Mexicana, dejando en evidencia el vínculo afectivo que une a las colectividades con los lugares que las reciben.
 
 

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