El presidente del Centro de Almaceneros y Afines, Ricardo Cuevas, visitó los estudios de FM Berisso Ciudad para analizar la realidad que atraviesan los pequeños comercios de barrio, cuestionar los índices de inflación difundidos por el Gobierno nacional y describir el complejo escenario económico que enfrentan tanto los comerciantes como las familias. Además, aseguró que los aumentos de los productos básicos no coinciden con los datos oficiales, advirtió sobre la caída del poder adquisitivo y defendió el rol social de los almacenes de barrio.
El comerciante fue consultado sobre el 1,9 por ciento de inflación informado por el INDEC y celebrada por el Gobierno nacional. Sin embargo, aseguró que esa cifra está muy lejos de la realidad que viven diariamente quienes trabajan detrás de un mostrador. “En esta última semana hubo aumentos muy fuertes en productos como el queso mantecoso y los aceites. Nosotros no entendemos de dónde sale ese 1,9 por ciento porque lo que vemos todos los días es completamente distinto”, afirmó.
El dirigente explicó que los almaceneros deben recorrer distintos mayoristas en busca de promociones para intentar ofrecer precios competitivos, aunque muchas veces esas ofertas esconden otras condiciones. “Hay mayoristas que te ofrecen un voucher por comprar determinados productos, pero después ese descuento solamente lo podes usar en mercadería que ellos mismos te imponen, generalmente de marcas propias”, explicó.
Según indicó, cada oportunidad que encuentran para abaratar algún producto termina siendo trasladada directamente al consumidor. “Si conseguimos un descuento, esa mercadería prácticamente la vendemos al costo. Lo hacemos para tratar de mantener a nuestros clientes porque la situación es muy complicada”, señaló.
Cuevas remarcó que hoy los pequeños comerciantes están sometidos a múltiples presiones simultáneas. “Tenemos presión de nuestros proveedores, de las distribuidoras, de las ventas por internet y hasta de las propias empresas que ahora venden directamente al consumidor y llevan la mercadería a domicilio”, sostuvo.
En ese contexto, describió el impacto que tienen los costos fijos sobre la actividad. “Al almacenero le dicen que la inflación es del uno y pico por ciento, pero cuando llega la factura de la luz todos los meses empieza a temblar porque sabe que la tiene que pagar sí o sí”, expresó.
Además de las tarifas, recordó que los comercios deben afrontar otros gastos permanentes. “Hay que tener contador, pagar impuestos, habilitaciones y cumplir con todas las obligaciones. El comercio habilitado tiene muchísimos costos para poder seguir funcionando”, indicó.
Uno de los puntos más críticos estuvo vinculado a la evolución de los precios de los alimentos. “Un café de primera marca que hace menos de un mes costaba poco más de siete mil pesos hoy supera los nueve mil. El queso mantecoso aumentó entre un 15 y un 20 por ciento y el aceite también tuvo subas muy importantes”, detalló.
Frente a ese escenario, fue contundente al rechazar el índice de inflación difundido por el Gobierno. “Que expliquen de dónde sale ese uno y pico por ciento, porque nosotros vemos otra realidad todos los días”, cuestionó.
Incluso aseguró que muchos productos aumentaron dos veces durante el mismo mes. “Hay artículos que en un solo mes subieron entre un 18 y un 20 por ciento. Eso lo vemos todos los días cuando llegan las listas nuevas”, afirmó.
“Antes compraban fideos de trigo candeal y ahora llevan los comunes. No solamente consumen menos proteínas, también bajó muchísimo la calidad de los alimentos que llevan a la mesa”, sostuvo.
El comerciante relató además escenas que observa diariamente en su contacto con los vecinos. “Hay amas de casa que buscan morrones picados porque salen más baratos. Los limpian, los congelan y así pueden preparar la comida. Esa es la realidad que vivimos en los barrios”, describió.
También señaló que muchos consumidores optan por yerbas, arroces y otros productos de segundas o terceras marcas. “Antes llevaban marcas conocidas y ahora buscan cooperativas o productos que nunca habían comprado porque la diferencia de mil pesos hoy hace mucha diferencia para una familia”, declaró.
Para Cuevas, la situación económica se refleja claramente en las conversaciones que mantiene todos los días con sus clientes. “La gente me cuenta sus problemas. Me dicen que cargan la SUBE con lo justo o que cada día tienen que sacar un poco más de plata para cocinar el almuerzo y la cena”, comentó.
Consultado sobre los márgenes de rentabilidad, aseguró que los pequeños comercios sobreviven gracias a un enorme esfuerzo cotidiano. “Nosotros hacemos verdaderos milagros. Recorremos Nini, Vital, Maxiconsumo y todos los mayoristas buscando dónde está la oferta del aceite, de la harina o de la yerba para poder trasladar ese beneficio al cliente”, dijo.
“Competimos con otros almacenes, con las grandes cadenas, con las distribuidoras, con las ventas por internet y hasta con comercios no habilitados. Es muy difícil sostenerse”, sostuvo.
Pese a ello, defendió el papel que cumplen los almacenes de barrio dentro de cada comunidad. “Los pequeños comercios le damos una gran mano a cualquier gobierno porque hacemos el esfuerzo de buscar precios para que nuestros vecinos puedan comprar más barato”, expresó.
En ese sentido, destacó especialmente las promociones implementadas por el Banco Provincia. “Hoy las promociones distribuidas de lunes a viernes ayudan mucho. Para nosotros es importante que nuestros clientes tengan alguna herramienta para poder comprar”, indicó.
Cuevas confirmó además que los almacenes debieron adaptarse a las nuevas formas de pago. “Tenemos Cuenta DNI, Mercado Pago, tarjetas de débito, crédito y todos los sistemas posibles. Hoy alrededor del 75 por ciento de las ventas pasan por aplicaciones o medios electrónicos”, afirmó.
También defendió el valor social de los almacenes barriales, más allá de su función comercial. “Cuando un comercio de barrio cierra, el barrio pierde vida. No es una frase hecha. Las luces del almacén también son parte de la seguridad y del movimiento cotidiano de la gente”, sostuvo.
Además, marcó una diferencia que considera imposible de reemplazar por las grandes superficies comerciales. “Cuando a una familia le faltan quinientos pesos para completar la compra, no va a hablar con una máquina. Va a hablar con el almacenero de toda la vida, que muchas veces hace el esfuerzo y le da una mano”, puntualizó.
Finalmente, Ricardo Cuevas reflexionó sobre el presente económico del país y expresó su preocupación por el futuro del trabajo. “Espero que la Argentina no termine siendo solamente un país de Uber y de aplicaciones. Necesitamos que haya comercios, producción y trabajo”, manifestó.