En medio de una jornada cargada de anuncios, entregas y presencia política, un episodio tan insólito como lamentable terminó metiéndose en la agenda de la visita de Axel Kicillof a Berisso: a un fotógrafo perteneciente al equipo de prensa del Gobernador le sustrajeron el celular en pleno acto.
La situación comenzó a llamar la atención cuando el trabajador de prensa empezó a mostrarse inquieto y a recorrer una y otra vez el lugar. En medio de la multitud que participaba de la actividad, buscaba algo que, con el correr de los minutos, quedó claro que no aparecía: su teléfono.
De cubrir el acto a buscar desesperadamente su celular
La preocupación fue creciendo cuando el fotógrafo confirmó que ya no tenía el aparato entre sus pertenencias. Desde ese momento, lo que debía ser una cobertura más de la agenda oficial del Gobernador se transformó para él en una jornada atravesada por la tensión y la angustia.
Comenzaron entonces las preguntas entre trabajadores de prensa y personas que se encontraban en el lugar. Se intentó reconstruir dónde podía haber quedado el teléfono y si alguien lo había visto, pero la enorme cantidad de gente que circulaba por el acto hizo prácticamente imposible obtener una respuesta.
El celular no apareció.
Un robo que dejó un sabor amargo
El episodio contrastó de lleno con el motivo de la visita del Gobernador a Berisso. La jornada había tenido como protagonistas la entrega de viviendas y escrituras a familias de la ciudad, además de la presencia de funcionarios provinciales y municipales y una importante convocatoria.
Pero entre fotos, discursos, funcionarios y una multitud, alguien aprovechó la situación y un trabajador de prensa terminó sin su teléfono.
Así, una jornada que tenía todos los condimentos para cerrar con un balance positivo para sus organizadores terminó dejando también una postal difícil de ignorar: en pleno acto del Gobernador en Berisso, a uno de los encargados de registrar lo que estaba ocurriendo le robaron el celular.
Y mientras funcionarios y vecinos comenzaban a retirarse, para el fotógrafo la jornada terminó de la peor manera: sin teléfono y sin ninguna certeza sobre quién se lo llevó.