Cierre

Las duras historias detrás de los trabajadores de Acerías Berisso que quedaron en la calle

foto: Ignacio Amiconi - AGLP.
foto: Ignacio Amiconi - AGLP.

 Por Miguel Beltrán, publicado en 0221.com.ar

 

"Me faltan tres años para jubilarme", dice Carlos Garay mientras observa el frente de la casa del gerente comercial de Acerías Berisso, Nicolás Dudiuk. Sus compañeros agitan alrededor, inquietos; se van cebando entre ellos. Tocan timbre, aplauden. Hay clima piquetero. Esperan que alguien salga "a dar la cara". El barrio está manso, hay un silencio rural. "Este tipo es un garca", repite Garay. "Garca, garca". Los trabajadores cuelgan el primer cartel sobre un árbol. "Acá no se rinde nadie", dice el trapo, pintado con aerosol.

Es miércoles 14 de enero. A las 14.12 hace muchísimo calor en Villa Elisa. La zona es de terrenos amplios, vegetación, construcciones modernas. El termómetro marca 30 °C. "¿Está para meterse a la pile o no?", pregunta irónicamente uno de los trabajadores de la metalúrgica, mientras intenta pispear por encima del paredón de la casa de Dudiuk, en puntas de pie. Es la segunda manifestación que organizan en esa dirección. "¿Puso un farolcito, no? Los faroles no estaban", agrega otro, analizando el portón.

Acerías Berisso cerró en octubre después de semanas de tensión y protestas. 52 trabajadores quedaron en la calle y desde entonces continúan manifestándose para recuperar su trabajo: piden cobrar indemnizaciones o que les permitan realizar una cooperativa para sacar la empresa a flote.

Dudiuk, el dueño de la casa que ahora es rodeada por los trabajadores, dirá después en diálogo con 0221.com.ar que los manifestantes son "violentos", que estuvo "secuestrado" en la fábrica durante las protestas y que les puso "una perimetral".

Se reunieron 14 manifestantes en Villa Elisa. Los más pibes del grupo viajaron en tres motos desde Berisso. Los más grandes se acomodaron en dos autos. Carlos Garay, de 47 años, trabajó durante 22 en Acerías Berisso y estaba al borde de la jubilación cuando la fábrica se disolvió. La noticia fue un shock. "Tengo cuatro hijos. He tenido que ir a hablar al colegio de los chicos por el tema de que no he podido pagar más las cuotas". El último sueldo que cobró -alrededor de $1.700.000- fue en septiembre.

"En el colegio estaban al tanto de la situación, por la repercusión que tuvo el tema. Me dieron el apoyo, me dijeron que no me hiciera problema, pero es una deuda que tengo también", explica visiblemente angustiado.

"Uno de mis hijos que tiene tratamiento preventivo de asma, son unas pastillas que tiene que tomar todos los meses, carísimas, y mi señora que tiene problemas de tiroides, con un tratamiento de por vida. Los medicamentos me los está dando el gremio, pero si tuviera que comprarlos, no tendría con qué", cuenta, con la voz entrecortada.

"Trato de hacer alguna changa, para tratar de subsistir", dice con resignación. "Encima, si me presento a ANSES para tramitar la jubilación, me dicen que hasta no cumplir los 50 años no puedo empezar a hacer el trámite. Esto me partió al medio".

"Desde que este señor (Didiuk) estuvo al frente de la fábrica, se perdieron un montón de clientes, porque este tipo no compraba los insumos, se comía la guita, un garca pero garca, garca", repite. "Entonces, eso llevó a tener que perder muchos clientes".

"Se quieren desprender de los trabajadores"

Los manifestantes están dispuestos a quedarse por un tiempo al frente de la casa de Dudiuk. "Mirá que volvimos", gritan. Cerca de las 15, uno de los más jovenes se va en moto. Regresa al rato con una bolsa repleta de latas de cerveza Schneider.

Carlos Lazarte es el delegado de la UOM en Acerías Berisso. Representa al grupo de trabajadores. Tiene 37 años y trabajó durante 18 en la fábrica. Es uno de los que ha tenido diálogo directo con el apoderado de la empresa. Llegó a la casa de Dudiuk en auto, sacó una reposera y se sentó cerca del portón de ingreso, a esperar paciente.

Su situación es igual de compleja que la de sus compañeros. Ha desarrollado casi toda su carrera en la misma planta. "Somos cuatro, mi señora y dos nenes. Yo tengo la suerte que mi señora trabaja, pero es como todo. Tengo mis cuentas, mis gastos".

"El sindicato nos ha ayuda con mercadería. Lo más difícil es el dinero. Hicimos una rifa, un fondo de lucha", cuenta.

Lazarte dice que los propietarios de Acerías Berisso hicieron un "operativo desgaste" con los trabajadores. Según su punto de vista, no tienen intenciones de presentarse a quiebra ni de desechar la maquinaria de trabajo. "No se quieren desprender de la fábrica, se quieren desprender de los trabajadores", argumenta.

"Ellos quieren arrancar de cero, con la misma empresa, en el mismo lugar, contratar menos gente y sacándonos a nosotros se ahorran antigüedad, categorías", expresa Lazarte.

"No es que hay falta de trabajo, trabajo hay. Ellos jugaron al desgaste de nosotros, cerrar y abrir con otra gente", comenta. "Estábamos dispuestos a dialogar, pero no quieren pagar las indemnizaciones, la idea de esta gente es no pagar nada", dice. "Todo sin consecuencias, acá lo que me sorprende es que robás una gallina y vas preso y esta gente que no paga sueldos y no pasa nada".

"Estos se llevaron la plata"

"A mi me falta un año y cuatro meses para jubilarme", dice José Yannibelli, mientras observa a sus compañeros en soledad, de pie. "Ya en marzo me vi venir el conflicto. A mis compañeros de Corte yo les decía 'estos van a cerrar', porque nos venían pagando el aguinaldo en cuotas", cuenta.

José tiene 55 años. Trabajó durante en 23 a Acerías, empezó en 2002. "Yo les decía a ellos 'espero que aguante esto así nos jubilamos'", recuerda.

Yanibelli está indignado por la administración de la empresa. Apunta directamente contra el gerente de la empresa. "Estos se llevaron la plata. Habiendo trabajo te vienen a cerrar", dice. "Hubo un mes que hicimos 60 toneladas. Ellos se iban a Miami, Dudiuk seguía a Estudiantes por todos lados".

En noviembre, durante la primera manifestación, los trabajadores pintaron con aerosol las paredes de la casa de Dudiuk. El empresario los tapó con pintura blanca, pero ahora, después de esperar más de una hora, vuelven a la carga nuevamente. "Nico, pagá lo que debés", escriben con aerosol azul. "Pagá lo que debés. Pato o gallarreta", pintan al lado. "Qué ejemplo para tus hijos, fracasado".

El grupo de trabajadores planea volver a reunirse en Villa Argüello, Berisso, para planificar los próximos movimientos. La máxima aspiración, a esta altura, es la intervención del estado y la creación de la cooperativa. Carlos Garay dice que están convencidos de que pueden hacerlo. "Todos nos sentimos parte de la empresa, esa empresa es nuestra, porque nosotros la hicimos desde abajo".

Comentarios