Esto ya no es una noticia de novedad; es una noticia totalmente lamentable y triste para nuestra ciudad. Las medidas impulsadas desde el Gobierno nacional siguen golpeando de lleno a nivel local.
BerissoCiudad dialogó con Fernando, gerente de Mannarino, tras el cierre de la sucursal ubicada en 14 y 165, una decisión que golpea de lleno a trabajadores, vecinos y al movimiento comercial de la zona. “Un hecho lamentable que cierren”, expresó al referirse a la medida, que también alcanza a otras sucursales de la cadena y deja como única operativa a la casa central en Olmos.
En ese marco, Fernando explicó que la resolución está directamente atravesada por la situación económica actual. “Lamentablemente por la situación actual del país, tuvimos que cerrar esta y dos sucursales más ”, señaló, y agregó que “todo el contexto económico no ayudó, así que nos vimos en la obligación de tener que cerrar esas sucursales”. Según detalló, el proceso no fue repentino: “Lo veníamos evaluando hace unos cuantos meses”, aunque insistió en que “este último tiempo empeoró la cosa y decidimos cerrarlo”.
Al profundizar sobre los motivos concretos, el gerente fue claro y apuntó a una combinación de factores que hicieron imposible sostener la actividad. “Un poco todo, porque también los alquileres estaban aumentando”, dijo, al tiempo que remarcó que “no estaban llegando ni siquiera al punto de equilibrio las sucursales” debido a “la baja de consumo”. En ese escenario, definió la medida como “una decisión drástica” y confirmó además que “estas medidas dejan sin trabajo a cinco personas de la sucursal”.
La preocupación también se trasladó de inmediato a la vereda. Un vecino de la zona, jubilado y discapacitado, resumió con crudeza el clima social que atraviesa a muchos hogares: “Y sí, y trae también terror. Y no hay plata. No hay plata”. Luego agregó: “La plata no alcanza, y sobre todo si soy jubilado”, y al referirse a los gastos cotidianos señaló: “La comida, bueno, también. Es triste lo que está sucediendo”.
A su vez, un trabajador de la zona marcó el impacto que generaba ese local en la vida barrial y en el movimiento comercial. Según planteó, no se trataba solo de un comercio más: también aportaba circulación en la cuadra y acompañaba la actividad de la quiniela.
En ese sentido, señaló que la presencia del local ayudaba al movimiento general del sector y también favorecía a otros rubros cercanos, incluso al cierre de los negocios de la zona vinculados con la quiniela.
La escena en 14 y 165 deja entonces una postal que duele: una sucursal histórica que baja sus persianas, cinco trabajadores afectados y vecinos que sienten en carne propia el retroceso. En Berisso, el cierre no se vive como una simple decisión empresaria, sino como otra señal del momento crítico que atraviesan muchas familias y pequeños comercios.