BerissoCiudad dialogó con referentes de gimnasios locales para explicar cómo la profunda presión económica nacional se traduce en decisiones concretas en nuestra ciudad.
La inflación empuja costos y obliga a los establecimientos a ajustar precios, esa tensión se siente en las calles.
En el Gimnasio Saona, ubicado en Avenida Montevideo y 37, Matías nos contó que la cuota mensual subió desde 40.000 pesos a 45,000 pesos en el último ajuste.
Ese aumento no llega en un vacío, por lo tanto el responsable describió cómo varía la concurrencia diaria que hay picos a la mañana, tarde y noche y explicó que los socios cambian según la estación: "en temporada baja... llegamos a las 200 personas" y "en temporada alta superamos las 300". Frente a esos vaivenes, resumió con crudeza que "venimos peleándola y remándola", una frase que sintetiza la necesidad de equilibrar ingresos y costos para mantener puertas abiertas.
Esa lucha se agrava por la aparición de alternativas informales: clases en balcones, patios o salones que ofrecen actividades con tarifas bajas.
Por su parte, Bruno, de Gimnasio Branco, reconoció el fenómeno pero matizó el panorama: "los precios también subieron, pero poco", y admitió que "recientemente de diciembre a hoy aflojó un poco" la concurrencia, en parte por el frío. Es decir: mientras algunos vecinos buscan alternativas económicas, otros siguen valorando una sala equipada y continuidad en el entrenamiento.
En conjunto, estos relatos muestran una cadena de causas y efectos: la situación económica nacional encarece insumos y servicios; los gimnasios de Berisso trasladan parte de ese costo a las cuotas y, al mismo tiempo, compiten con espacios de bajo costo que se multiplican en la ciudad. La respuesta local pasa por combinar accesibilidad y calidad: promociones, planes flexibles y horarios escalonados para distribuir la demanda.
BerissoCiudad seguirá acompañando este proceso barrio por barrio para verificar si esas medidas alcanzan a sostener la actividad y evitar cierres.