Gaby Amato es un vecino de Berisso que encontró en la pastelería un camino inesperado. Antes de llegar a la televisión, su vida transitaba por otros rumbos, lejos de las cocinas profesionales y de los grandes programas. “Yo no era pastelero, había hecho cuatro tortas en mi vida”, recordó. “Mi señora me insistió para que mande un video al casting de Bake Off y yo lo hice casi en broma, sin imaginar hasta dónde podía llegar”.
Contra todo pronóstico, fue superando cada instancia del certamen hasta quedar seleccionado para Bake Off Argentina. “Pasé el primero, el segundo, el tercero, el cuarto casting y cuando me dijeron que había quedado no lo podía creer”, contó. “Yo sabía que el nivel era altísimo, había gente muy preparada y yo era amateur, pero fue una experiencia que me marcó para siempre”.
El paso por el programa no sólo significó una experiencia televisiva, sino también un punto de inflexión personal. “Un productor me dijo ‘esto te va a cambiar la vida’ y en ese momento pensé que exageraba. Después del programa lo llamé para decirle que tenía razón”, confesó. La exposición, el reconocimiento y el contacto con el mundo profesional lo empujaron a tomar una decisión clave: formarse seriamente como pastelero.
“Cuando terminó Bake Off me puse a estudiar de verdad”, explicó. “Me capacité, hice la carrera de pastelero profesional, me formé en chocolatería, decoración de tortas y después me recibí también como profesor de pastelería”. Ese proceso de aprendizaje fue acompañado por horas de práctica diaria. “No es solo estudiar, es probar, equivocarse, volver a intentar. La pastelería es precisión, paciencia y constancia”.
Hoy, Amato se define plenamente como pastelero. “Es una profesión hermosa, pero muy exigente”, señaló. “No es sólo hacer algo rico, es entender los procesos, las temperaturas, los tiempos, la materia prima”. En ese sentido, destacó que Bake Off le abrió la puerta, pero que el camino se construyó después. “La tele te muestra, pero si no te preparás, no dura nada”.
Sobre su experiencia en el programa, resaltó el profesionalismo y la magnitud del proyecto. “Había más de 150 personas trabajando, cámaras por todos lados, jurados como (Damián) Betular, Pamela Villar y Dolly Irigoyen. Y Paula Chaves en la conducción. Estar ahí fue algo que si no lo vivís, no lo podés explicar”.
A pesar de haber pasado por la televisión nacional, Amato nunca perdió el vínculo con Berisso. “Soy de acá y todo lo que hago tiene que ver con mi ciudad”, remarcó. “Arranqué sin saber nada y hoy vivo de la pastelería. Eso demuestra que animarse, capacitarse y trabajar todos los días realmente vale la pena”.