En Berisso, en Montevideo entre 10 y 11, hay un espacio donde la inclusión deja de ser una idea y se convierte en realidad cotidiana.
Con Sabor a Todos es mucho más que una cafetería: es un proyecto que pone en el centro los derechos de las personas con discapacidad, apostando a su autonomía y a su participación plena en el mundo laboral.
Impulsada por una asociación que acompaña a jóvenes con discapacidad, la iniciativa rompe con miradas asistencialistas.
No se trata de “dar una mano”, sino de generar oportunidades concretas para que cada persona pueda formarse, trabajar y ocupar un lugar activo dentro de la comunidad.
Eliana es una de las protagonistas de este espacio. Desde la cocina, comparte con sencillez cómo es su día a día: “Yo le ayudo a la tía, siempre le pido a la gente qué quiere o se les doy las cosas a ella y tres a cuatro horas las cosas que la vendo”. En sus palabras aparece algo más profundo que una tarea: hay compromiso, aprendizaje y vínculo con quienes llegan al lugar.
Su rol no es simbólico. Cuando se le preguntó si ella misma había preparado las deliciosas comidas, que se ofrecían, respondió con seguridad: “Sí”. Una respuesta breve, pero que refleja un proceso de formación, confianza y crecimiento.
El intercambio cerró con un gesto simple y genuino: “Bueno, muchas gracias Eliana por esta participación”. “De nada”, respondió ella. Y en ese ida y vuelta quedó reflejado algo esencial: el valor de sentirse parte.
Con Sabor a Todos demuestra que la inclusión es, ante todo, una cuestión de derechos. Que el acceso al trabajo digno no debería ser una excepción, sino una realidad para todas las personas.
Y que cuando eso sucede, no solo se transforma la vida de quienes participan, sino también la de toda una comunidad que aprende a construir un presente más justo y sobre todo en sociedad.