Un operador de transporte en Puebla perdió tres unidades de doble remolque en un período de seis semanas entre marzo y abril de este año, todas en el mismo tramo de autopista entre Amozoc y Perote. Los tres incidentes siguieron un patrón casi idéntico: el conductor se detenía en una plaza de cobro, alguien subía a la cabina mientras pagaba la caseta, y el vehículo desaparecía antes de que el conductor pudiera reaccionar. En uno de los casos el conductor fue retenido durante cuatro horas en un camino de terracería mientras vaciaban la carga, que según su estimación valía alrededor de 800000 pesos en electrodomésticos. Los otros dos robos nunca se recuperaron y la empresa tuvo que absorber pérdidas que superaron los 3 millones de pesos contando las unidades y la mercancía.
Este tipo de incidentes se han multiplicado en el corredor Puebla-Veracruz durante 2025, según datos que la federación de transportistas de la región presentó la semana pasada. El incremento en robos de doble remolque alcanzó 45% comparado con el mismo período del año anterior, una cifra que supera el promedio nacional de robo al autotransporte que ronda el 28% según las estadísticas más recientes del gobierno federal. La federación documentó 127 incidentes confirmados entre enero y mayo de este año solo en ese corredor, aunque reconocen que la cifra real probablemente sea mayor porque muchos operadores pequeños no reportan por miedo a represalias o porque simplemente no confían en que las autoridades puedan hacer algo.
Lo que hace particularmente vulnerable al doble remolque es una combinación de factores que los criminales han aprendido a explotar con precisión casi quirúrgica. Un coordinador de seguridad de una empresa de transporte en Veracruz me explicó que el doble remolque tiene puntos ciegos que no existen en las configuraciones de remolque sencillo, especialmente cuando el conductor baja de la cabina o cuando está distraído en las casetas de cobro. La longitud del vehículo hace imposible que el conductor tenga visibilidad completa de lo que pasa en la parte trasera, y los criminales lo saben. Además el valor de carga es simplemente mayor, a veces el doble o triple de lo que llevaría un camión convencional, lo que justifica el riesgo adicional para las bandas organizadas que operan en la zona.
Las plazas de cobro se han convertido en el punto de ataque preferido por razones que cualquiera en la industria entiende perfectamente. El vehículo está obligado a detenerse, el conductor tiene que bajar la ventanilla o incluso salir de la cabina en algunos casos, y hay suficiente movimiento de vehículos para que los criminales se mezclen sin llamar la atención. Los datos telemáticos que procesa GPSWOX muestran patrones de robo concentrados entre las 22.00 y las 04.00 en casetas específicas del corredor, aunque esos datos vienen de las empresas que ya tienen sistemas de rastreo instalados y probablemente representan solo una fracción del problema real. Las empresas que no rastrean sus unidades en tiempo real simplemente no saben exactamente dónde ni cuándo ocurrieron los robos hasta que es demasiado tarde.
La asociación de aseguradoras reportó que las reclamaciones por robo de doble remolque en el corredor Puebla-Veracruz aumentaron 62% en términos de monto durante el primer trimestre de 2025, un incremento que supera el aumento en número de incidentes porque el valor promedio de la carga también subió. Un ajustador de seguros que trabaja con varias empresas de transporte en la región me dijo que están viendo casos donde la carga robada supera los 2 millones de pesos, principalmente productos electrónicos, electrodomésticos y autopartes que tienen alta demanda en el mercado informal. Las primas de seguro para rutas que cruzan este corredor han subido entre 15 y 20% desde principios de año, y algunas aseguradoras están exigiendo requisitos adicionales de seguridad como condición para renovar pólizas.
Un gerente de operaciones de una empresa de transporte que opera 40 unidades de doble remolque entre la Ciudad de México y el puerto de Veracruz me contó que han tenido que cambiar completamente sus protocolos de operación. Ahora los conductores no pueden detenerse solos en ninguna caseta después de las 20.00, tienen que esperar a que otro vehículo de la misma empresa los alcance para cruzar juntos. Esto ha aumentado los tiempos de tránsito en quizás dos o tres horas por viaje, lo que afecta los compromisos de entrega y genera costos adicionales de combustible y horas extra. Pero la alternativa es perder unidades completas, y después de tres robos en un año la empresa simplemente no puede seguir absorbiendo esas pérdidas.
El problema tiene raíces que van más allá de la seguridad individual de cada empresa. La infraestructura de las plazas de cobro en el corredor no fue diseñada pensando en seguridad, las cámaras que existen rara vez funcionan o tienen resolución suficiente para identificar a nadie, y la presencia policial es irregular en el mejor de los casos. Un representante de la federación de transportistas mencionó que han solicitado reuniones con autoridades estatales de Puebla y Veracruz al menos cuatro veces este año sin obtener respuestas concretas. Las autoridades federales dicen que es responsabilidad estatal, los estados dicen que necesitan apoyo federal, y mientras tanto los robos continúan.
Los datos de rastreo GPS de las unidades que sí cuentan con sistemas instalados muestran algo interesante sobre cómo operan las bandas. En varios casos documentados, el vehículo robado fue llevado a una ubicación a menos de 30 kilómetros de donde ocurrió el robo, la carga fue transferida a otros vehículos en cuestión de horas, y el doble remolque fue abandonado vacío en caminos rurales. Esto sugiere una operación logística sofisticada con bodegas preparadas y compradores esperando, no robos oportunistas. Un analista de seguridad que trabaja con empresas de transporte en la zona estimó que hay al menos tres o cuatro bandas organizadas operando en el corredor, cada una con su territorio y sus métodos específicos.
La respuesta de las empresas ha sido desigual. Las más grandes han invertido en sistemas de rastreo en tiempo real, escoltas armadas para cargas de alto valor, y protocolos que prohíben a los conductores detenerse en ciertas zonas. Las medianas y pequeñas a menudo no tienen los recursos para implementar estas medidas y terminan absorbiendo pérdidas que pueden significar la diferencia entre sobrevivir o cerrar. Un transportista independiente que opera dos unidades de doble remolque me dijo que está considerando vender sus vehículos y trabajar como subcontratista para una empresa más grande, simplemente porque no puede costear el seguro y las medidas de seguridad que ahora son necesarias para operar en esa ruta.
La federación está presionando por varias medidas que consideran urgentes: iluminación adecuada en todas las plazas de cobro del corredor, presencia policial permanente en los puntos identificados como de alto riesgo, y un sistema de denuncia anónima que permita a los conductores reportar actividad sospechosa sin exponerse. También están pidiendo que las aseguradoras reconozcan las inversiones en tecnología de rastreo con descuentos en primas, algo que algunas ya hacen pero de manera inconsistente. Un directivo de la federación me dijo que el robo de doble remolque en el corredor Puebla-Veracruz se ha convertido en un problema estructural que requiere una respuesta coordinada entre gobierno, industria y aseguradoras, pero que hasta ahora cada quien está actuando por su cuenta y los criminales son los únicos que parecen tener una estrategia clara.